Con pesadez arrastraba los pies por el pasillo, dando taconazos a cada paso que daba como si no quisiera llegar a su destino, temerosa de algo que sabía que tarde o temprano se toparía con ella…
Un poco más flojo el ruido de los tacones por el pasillo; parecía que los tacones se arrastraban solos, hasta detenerse por completo, llevando su brazo hacia el gran bolso negro que colgaba de su hombro derecho, queriendo encontrar algo que gran trabajo le costaba encontrar…
Lentamente fue levantando su brazo hasta que sacó un manojo de opacas llaves de las que sobresalía un hermoso y brillante llavero plateado que mostraba un símbolo que a ciencia cierta no se sabía qué era y por ello atrapaba aún más la atención de quienes lo veían; los dejaba hipnotizados…
Escogió una llave con una habilidad extraordinaria y poco a poco fue llevándola hacia la cerradura. Se detuvo un momento, indecisa, hasta que por fin la metió, dio lentamente vuelta, sudaba, la expresión de su cara cambiaba, dio un paso, temblando, y entró…
Empezó a tambalearse dentro del apartamento, a dar vueltas como si algo la moviera y gritar , noooooooooooo , nooooooooooooooooooo, no son reales, no lo son déjenme …
Con el movimiento de su cuerpo cerró la puerta; al hacerlo, se escuchó un golpe estremecedor para ella que la sacó de orbita…
En ese momento cayó al suelo descontrolada, y empezó a arrastrarse hasta el rincón más cercano; estando ahí con un gesto de ternura e impotencia, se recargó sobre la pared, encogió sus piernas y puso sus brazos alrededor de ellas.
Seguía llorando desconsolada…
De nada valía, seguir luchando; sabía lo que pasaría.
Empezó a retorcerse en el suelo como si sintiera un gran dolor, su cara cambiaba era más dura, se deformaba a cada segundo…
La indefensa niña que se veía hace unos segundos recargada, lamentándose, ya no estaba; sus ojos se perdían en el infinito, era otra…
Poniéndose de pie con gran fuerza y una sonrisa irónica, empezó a decir:
—No sé por qué fastidian vayan a hacer lo que tienen que hacer, estaré trabajando en un proyecto nuevo, jaaaaaa jaaaaaaaaaa jaaaaaaaaa, una más de mis creaciones, para sobrepasar este maldito mundo…
Se dirigió hacia la computadora que se encontraba en un pequeño escritorio negro lleno de papeles revueltos…
Se escuchaba, el latido fuerte y penetrante de su corazón: PUM, PUM, PUM, PUM, una y otra vez, cada, con más fuerza…
La sangre corría por sus venas, muy rápido, y su cerebro actuaba como si quisiera salir de su lugar…
Transcurrieron varias horas en silencio, solo escuchándose las teclas presionadas por sus largas y hermosas uñas TAC, TAC, TAC, sin parar…
Hasta que una punzada en la cabeza, la hizo detenerse; sentía un dolor muy fuerte que la hacía gritar desesperadamente.
Como pudo, se puso de pie y se dirigió a su alcoba; se dejó caer pesadamente sobre su almohada…
Su rostro volvía a cambiar de apariencia; una chica, frágil, con los ojos vidriosos y llenos de miedo se apoderaban de ella…
Cerró los ojos unos segundos; cuando volvió a abrirlos, se le oía sollozar:
—¿Qué me está pasando? ¿Por qué a mí? No quiero vivir, no sé qué hago aquí.
Apretando la almohada que sostenía su cabeza, contra su rostro, lloraba con gran desesperación…
Su cerebro se hinchaba aún más al tener estos impulsos, y provocaba más dolor…
Su depresión, poco a poco, la consumía…
Ella creía que su vida no valía nada, escritora sin ningún libro publicado…
Todo era trágico y odioso para ella; no podía controlar lo que le pasaba a diario al llegar a su apartamento…
Se sentía sola, desamparada, sin nadie que la pudiera apoyar…
El dolor la consumía, veía imágenes de todos sus libros pasar por su cabeza y pensaba si tan solo pudiera ser como ellos, si tan solo tuviera algo por qué estar aquí; NO VALE LA PENA VIVIR, se decía una y otra vez…
Cuando el dolor empezó a ceder, se levantó de su cama y fue en busca de un frasco de pastillas; las observó por unos minutos en silencio…
Abrió el frasco, abrió la boca y se puso más de la mitad en ella, abrió la llave del lavabo y empezó a absolverla…
Llorando y viendo a su alrededor, sabía que llegaría el final…
Empezó a sentirse pesada; su sangre corría más lentamente:
TLIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIN, TLIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIN, TLIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIN…
Su corazón ya no latía tan rápido: PUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUM, PUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUM…
Su cerebro punzaba cada vez menos, pero parecía que se comía un hemisferio a otro…
Sus ojos perdían el brillo…
40 minutos de agonía pasaron, para que quedara tendida en el suelo, con la mano estirada como si quisiera alcanzar algo…
Con todas sus historias botadas por doquier y con una sonrisa de paz en sus labios, por fin los demonios habían cesado.
Al GarcíaMontes
Enana bipolar Perdida En El Ciberespacio...
